SALTOS DE AGUA: belleza indómita

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La naturaleza en nuestra Araucanía Andina no se puede comparar con ningún lugar del mundo. Aún en contingencia sanitaria, con turistas sin poder recorrer las bellezas de la zona, lo cierto es que los ecosistemas permanecen intactos y siguiendo su curso de vida.

Pero no tenemos prohibido recordar. Mientras volvamos a los días de libertad y podamos ir nuevamente a llenarnos de energía, añoramos hasta con nostalgia el potencial turístico que nos caracteriza y del que todos sentimos inmenso orgullo. Porque tan sólo uno comienza a adentrarse a las comunas precordilleranas, inicia el deleite maravilloso de montañas, ríos, nieve, quebradas y bosques. Los saltos de agua o cascadas son siempre una alternativa de pasatiempo para los visitantes. Dos de estos atractivos se ubican cerca de Curacautín y Malalcahuello.

En primer lugar hablaremos del Salto del Indio emplazado en el Km 70,5 de la ruta internacional 181, con más de 6 hectáreas de extensión, que a través de sus distintos senderos invita al visitante a sumergirse en la grata experiencia del bosque nativo del sur de Chile.

Para aquellos que deseen descansar y disfrutar de la tranquilidad única de dormir en medio de arboledas nativas con el agradable ruido de los pájaros y del agua, existen cabañas rústicas (Lemunantu) que permitirán al turista alojar en un entorno diferente lleno de magia y de encanto. El parque es un negocio familiar, atendido por sus propios dueños, abierto durante todo el año  y prestando servicios también a grupos y delegaciones.

El Salto del Indio es visitado anualmente por miles de personas. El lugar está rodeado por dos rí­os (Cautín e Indio), posee un único acceso con portones y el ingreso y salida de turistas es controlado, brindando con ello una real tranquilidad y seguridad a los visitantes. Un adulto debe pagar tarifa de $1500.- mientras que los niños cancelan $500.-

El salto tiene una altura aproximada de 20 metros en la intersección de los ríos Indio y Cautín, siendo el primero el que genera la caída de agua. Este lugar se sitúa en un área de 4 hectáreas de superficie, perteneciente a un privado que lo administra. Está bien conservado y posee equipamiento de camping y cabañas, además de caminos especiales para descender hasta la base del salto. Algunas otras cosas interesantes que se pueden ver en el lugar son una remoción en masa producto del terremoto del 27 de febrero de 2010 y “rocas lunares”, que corresponden a rocas erosionadas por el paso del río entre ellas.

Este atractivo turístico promete un encuentro inolvidable con la exuberante vegetación nativa. Por lo mismo, cada rincón del parque habla de un entorno que no ha sido mayormente alterado y de un equipamiento en armonía con la naturaleza. El salto de agua es la guinda de la torta para un lugar que ha sido construido en forma rústica, con un estilo sencillo y acogedor, a fin de crear un ambiente diferente, que proporciona en todo momento un real descanso a los visitantes.

Ahora bien, hablaremos ahora de otro sitio de similares características. El denominado Salto de la Princesa es una caída de agua de unos 25 metros de alto aproximadamente. El salto es producto de un desnivel generado por estructuras de basaltos columnares, los cuales producen que el estero La Gloria pase a vaciar sus aguas al rio Cautín. El entorno es bastante atractivo ya que presenta un lindo bosque nativo, con presencia de helechos, musgos y variada vegetación arbustiva. La visibilidad es buena al igual que el acceso, que se encuentra aproximadamente a 500 mts del camino principal que une Curacautín con Malalcahuello. Este salto posee además un valor cultural importante porque tiene asociada una leyenda mapuche.

Según los historiadores, eran tiempos en que los Lof (forma básica de organización social del pueblo mapuche, consistente en un clan familiar o linaje que reconoce la autoridad de un lonco) recibían en Curacautín a diferentes comunidades Pehuenches y Puelches para llevar a cabo los tradicionales trueques y ceremonias religiosas. El pueblo mapuche no conocía algunas cosas que aquellas comunidades ya dominaban, una de ellas era el caballo. Un día llegó a oídos del cacique Huillical que los Pehuenches y Puelches usaban el caballo, entonces el cacique prometió valiosos obsequios a aquel valiente que le trajera uno, pero no fue posible y poco a poco su deseo se transformó en una obsesión, más aún cuando supo que había llegado a Malalcahuello un hermoso potro blanco. Entonces reunió a su tribu y les dijo: “Ésta es la princesa Rayén, mi hija, uno de ustedes me traerá ese caballo blanco y el que lo haga se la llevará de recompensa”. Nahuelcura, indio mestizo de quien Rayen estaba enamorada, le consoló diciéndole que no se preocupara porque él traería el caballo blanco que tanto anhelaba su padre y de ese modo consumarían su amor para siempre.

Sin embargo, al amanecer del tercer día un relincho lleno de fuerza y vida irrumpe la tranquilidad de la mañana. Huillical no podía creer lo que sus ojos veían, el tan anhelado caballo blanco estaba frente a él. Quilacura se lo había traído: ¿Cumplirás tu promesa ahora que yo he hecho realidad tu sueño tan deseado?. “Un mapuche siempre cumple su palabra, ve a esa ruca y toma a Rayen como tu esposa”, respondió. Quilacura creyó caminar en las nubes. Tanto tiempo amándola en silencio y ahora Rayen era suya. Cuando entró en la ruca un grito de furia irrumpió el lof de Huillical: “Rayen! dónde estás?”. Pero ella se encontraba muy lejos de allí junto a su amado Nahuelcura. El cacique Huillical dijo: “buscar a Rayen por toda la selva, en cada cueva por tres lunas y tres soles; si en ese plazo no aparece, ella habrá ganado su destino pero no será nunca más una mujer mapuche”.

Así, todos los hombres fueron en busca de Rayen, pero Quilacura salió solo. Su desesperación hizo que corriera como un león en rumbo desconocido. Rayen y Nahuelcura huían sin descanso entre el bosque. La búsqueda de los jóvenes no se detuvo ni por un solo segundo y sin darse cuenta ya habían pasado las tres lunas. De pronto en el tercer sol un grito que venía de los matorrales exclama: “La encontré! la princesa Rayen esta acá, vengan todos!” Ante esos gritos, Rayen y Nahuelcura miraron a su alrededor, pero vieron que no tenían salida, estaban en medio de un círculo humano y la única salida era un acantilado. Los jóvenes se miraron y tomados de las manos se lanzaron al vacío. Y fue aquí donde nació una cascada de agua, irónicamente en forma de la cola de un Caballo.

Es lo que conocemos hoy como esta belleza de la naturaleza, nuestro Salto de la Princesa, que esconde según los antepasados una leyenda de amor contada por generaciones.

Como pueden ver, el circuito Araucanía Andina es completo. No sólo nos maravillamos con la diversa fauna y sitios arqueológicos, sino también con bosques nativos, montañas y caídas de agua que nos han acompañado por cientos de años. Así es la belleza natural en el sur del país. Actualmente, todavía confinados, ansiamos volver a recorrer nuestros atractivos y por supuesto conectarnos con todo este mundo natural que sólo Dios pudo regalarnos.

 

 

 

 

 

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