Patrimonio Natural en la cordillera: Contando la historia de la Araucanía Andina

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Sin duda que la Araucanía Andina posee un sin número de atractivos para visitar y admirar, pero junto con esto es un lugar que tiene una gran historia, que cuenta con un patrimonio natural, un patrimonio vivo y un patrimonio histórico inigualables.

En esta oportunidad hablaremos sobre el patrimonio natural presente en la zona, pero ¿qué es el patrimonio natural?

Es un conjunto de formaciones físicas, biológicas y geológicas, especies de animales y plantas, zonas que tengan valor científico, o de conservación o sitios que por su belleza natural son objeto de preservación.

Este patrimonio está constituído por monumentos naturales construidos por formaciones físicas y biológicas, es decir, estas fueron creadas poco a poco a lo largo del tiempo por la naturaleza, teniendo un valor excepcional desde el punto de vista estético y científico, además de cultural.

En la zona de la Araucanía Andina el caso más claro del patrimonio natural es la Araucaria Araucana o Pehuén, declarada como Monumento Natural según la definición de la «Convención para la protección de la Flora, la Fauna y las Bellezas Escénicas Naturales de América».

Este árbol es el más característico y predominante de la zona, que rodea y cubre los caminos de la cordillera, además de otros sitios de interés patrimonial declarados como monumentos también, como el Parque Nacional Conguillío, con abundantes bosques de Araucarias.

Además, su fruto, el piñón, también es un patrimonio. Este significa el sustento económico de muchas familias del pueblo mapuche pehuenche de esta zona del país.

La recolección de este fruto es todo un ritual y símbolo de tradiciones milenarias de los habitantes de la cordillera, con el que se realizan diversas preparaciones, como harinas, café, entre otras.

Otro patrimonio natural es el Lleuque, un fruto de las montañas. Esta conífera nativa habita en zonas precordilleranas de la Cordillera de los Andes, entre los 500 y 1.100 msnm.

La «Uva de la cordillera» es posible encontrarla a orillas de los ríos de la zona norte de la comuna de Lonquimay, en la rivera del Bío Bío desde troyo al norte. Con este fruto se preparan mermeladas y conservas.

Así como también son un patrimonio natural las formaciones geológicas, que la Araucanía Andina abundan, sobre todo en Lonquimay.

Aquí destacan aquellas conformadas por ignimbritas o piedra toba, originadas a raíz de la tectónica de placas, erupciones volcánicas o procesos glaciales.

Éstas formaciones geológicas son de un elevado interés científico, ya que evidencian la evolución de la forma de la tierra y su actual paisaje.

 Uno de estos sitios de interés geológico es La Peineta o Cerrucho en Llames, ubicada en Ránquil en Lonquimay, a 137 kilómetros de la ciudad de Temuco.

Otro geositio es la Piedra parada o Centinela ubicada en Lolén en Lonquimay.

Estos geositios y las formaciones de piedra toba o ignimbrita que se encuentran en el lugar le entregan un paisaje único a la zona, en conjunto con el material volcánico de hace unos 9 mil millones de años.

Pero lo que le dio origen a este escenario geológico de gran interés fue la gran erupción del volcán Lonquimay el 25 de diciembre de 1988 cuya actividad se comenzó a captar el 10 de diciembre de ese año.

Esta es la erupción más violenta que se registra en 100 años, donde se vieron afectadas las comunas de Malalcahuello, Curacautín y Lonquimay, siendo esta última la más afectada por la ceniza caída.

Esta erupción dio origen al famoso Cráter Navidad, seguido de cerca por científicos al tratarse de un fenómeno poco frecuente.

El Cráter Navidad representa uno de los pocos registros históricos en el mundo en que se ha podido observar directamente el proceso de formación de un cono piroclástico parásito junto a su colada de lava.

Esto convierte a este cráter en un lugar de alto interés geocientífico y en un patrimonio natural imperdible.

Así como también tiene un gran valor histórico el «Chuchín», un objeto que consiste en la unión entre el tronco de la Araucaria y cada una de sus ramas.

Es un cono de madera de aspecto duro, que en su interior es de color ámbar rojizo y se le encuentra enterrado en el suelo de bosques milenarios de Araucarias o en riachuelos cercanos a estos.

Es muy denso y combustible, por lo que es utilizado como fuente de calor en las jornadas más frías durante el invierno.

Este elemento lo utilizan en la Araucanía Andina para realizar artesanía, donde se une lo natural con el trabajo del ser humano.

Esta artesanía rescata la identidad ancestral del pueblo mapuche-pehuenche, donde le dan forma y diseñan el trabajo final, en el que utilizan una serie de herramientas para obtener el resultado anhelado.

Esto es el sustento de muchas familias de la Araucanía Andina, donde la madera que utilizan la recogen del árbol caído o desraizado.

Esto es el valor patrimonial que tiene la zona, lugares llenos de historia, que nos remontan al pasado y nos hacen entender el presente, de cómo las cosas, los lugares y los paisajes son ahora, pero qué pasó para que llegaran a ser lo que son hoy.

Al igual que las tradiciones y la cultura, que unen lo natural con el trabajo del hombre y permiten transmitir de generación en generación la identidad ancestral de un pueblo.

Toda la historia se puede conocer al visitar estos lugares y empaparse con lo que sucedió, porque los lugares, los vestigios, los geositios, los frutos, la artesanía, hablan por sí solos.

El patrimonio natural está más vivo que nunca en la Araucanía Andina, permitiendo conectar con el pasado y el presente.

Fotografías cortesía de Ph: ®Lonquimay Patrimonial

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