El patrimonio vivo que transmite la memoria del pueblo de las alturas de la Araucanía Andina

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Los lugares tienen mucha historia que contar, y sin duda que la Araucanía Andina es uno de esos sitios marcados por el paso del tiempo.

En este sector son muchas las comunidades que se dedican a contar la historia a través de su trabajo, artesanía y tradiciones.

Esto es conocido como el patrimonio vivo, que considera diferentes dimensiones del patrimonio cultural, que consiste en que detrás de ellas siempre están presentes las personas.

Estas formas de transmitir la cultura son inmateriales, y abarcan diferentes tipos de expresiones, como tradiciones, religiosidad, conocimientos, prácticas culturales y cultores, además de las formas de vida.

Una de estas formas es el úlkantun, que es el canto mapuche que se realiza en determinado tiempo y lugar, generalmente de manera improvisada.

A 5 kilómetros de Lonquimay, en El Naranjo, Don Segundo Inal practica este arte, el que representa cada vez que recibe invitaciones de diferentes lugares de la comuna.

Don Segundo es un conocedor de la cultura pehuenche, que sabe mucho de la historia y del habitar de este lugar en la cordillera.

Así continúa viva la memoria oral de este pueblo, con la transmisión de su lengua y cultura desde tiempos ancestrales, donde los mensajes van pasando de generación en generación.

(En la foto se ve un caballo, o Kawellu, que es una de las cosas sobre las que tratan el canto de Don Segundo)

Otra forma artística de transmitir el patrimonio vivo es el witral pehuenche, la práctica artística más extendida en el territorio de Lonquimay.

De ella están a cargo tejedoras o düwekafes, pero esta práctica se ha ido invisibilizando, al igual que el creciente olvido del uso del witral y el significado de las piezas tradicionales y del ñimin, aquellos diseños más elaborados, que generalmente son realizados por düwekafes de edad más avanzada.

Con el witral pehuenche se le da vida a una prenda textil que constituye un medio artístico imprescindible en la representación de la identidad étnica mapuche, porque forma parte de una poderosa red de relaciones sociales y simbólicas.

En la zona encontramos muchas avezadas düwekafes, como Ana Nahuelcura y Cristina Manquepi.

Ellas elaboran diferentes piezas en witral, como prevenciones, kutama, alforjas para la montura o matra, que es una pieza que cumple la doble función de hacer más cómoda la montura para el caballo y el jinete, que por sus dimensiones sirve de abrigo para cuando se sale a campear por varios días.

Ambas aprendieron la labor de parte de sus ancestros, con la enseñanza de sus madres y luego de manera autodidacta, pero siempre intentando reflejar las tradiciones de su pueblo.

Por otro lado, el patrimonio vivo también está presente en la religiosidad, en la realidad espiritual.

En Lonquimay cada 20 de enero se celebra la festividad de San Sebastián, que tiene su origen en el mundo campesino, antes que llegaran los primeros misioneros a la zona.

Los campesinos comenzaron a asistir porque tenían una gran devoción por San Sebastián, donde le pedían que les fuera bien en sus cosechas y labores de campo. Así como también la gente asistía a pagar sus mandas.

Con el paso de los años aún es posible ver la importante presencia de campesinos y la inclusión del pueblo mapuche en la fiesta.

En un solo día se realizan las misas, pero la organización comienza desde semanas antes, para tener todo preparado y coordinado debido a la gran convocatoria.

También se realiza una procesión por las calles del centro de la ciudad, donde coexisten la devoción sacrificada  y las tradiciones más campestres.

Aquí se entrega un testimonio de fe, al mismo tiempo  se transmite la expresión de dicha fe en todas sus formas.

La fiesta luego se extiende al rodeo y a una feria popular, lo que hace que para muchos ese día sea un paseo obligado en cada verano, donde llegan turistas de todas partes de Chile, al igual que de Argentina, paseo que casi siempre culmina con un asado de chivo típico de la zona.

La festividad, también es atractiva para los vendedores que llegan desde distintas regiones del país a ofrecer sus productos.

Una fiesta masiva que reúne la religiosidad con las costumbres del pueblo de Lonquimay, con las tradiciones mapuches y pehuenches, dando a conocer la cultura y el patrimonio vivo del lugar.

Cada una de estas expresiones, que tienen a personas detrás, es parte del patrimonio vivo, en este caso de la zona de la Araucanía Andina, más específicamente de Lonquimay.

Son tradiciones, costumbres, festividades religiosas, cantos, es realmente la historia intangible que queda reflejada en todas estas personas que viven y se esfuerzan por enseñar y dar cuenta de la importancia de sus raíces.

Porque el patrimonio vive y se mantiene en la memoria de su gente. Porque para  entender nuestro presente, debemos conocer nuestra historia.

Esta es otra manera de conocer los maravillosos lugares de la Araucanía Andina, con la importancia de sus tradiciones, porque cada lugar es hoy lo que sus antepasados fueron en el ayer, y cómo vivieron, cómo fueron sus formas de habitar estas zonas.

En las alturas tenemos grandes atractivos para realizar diversas actividades de aventura, de relajación, extremas, pero también para conocer la cultura y a las comunidades que mantienen viva su esencia.

Fotografías cortesía de Ph: LonquimayPatrimonial
Más información en www.lonquimaypatrimonial.com

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