ARAUCARIA ARAUCANA: madre milenaria del fruto del piñón

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Si tuviésemos que elegir a la protagonista de las escenas que se ven en nuestra cordillera, indudablemente el galardón recae en la Araucaria Araucana; según los científicos especie arbórea perteneciente al género de coníferas de la familia AraucariaCeae, árbol sagrado de la cultura mapuche o también conocido como el Pehuén.

No es fácil comenzar a hablar de esta especie que además de características propias como flora nativa, tiene un tremendo significado espiritual que la precede debido a la importancia otorgada por los mapuche-pechuenche originarios que habitan la cordillera de Los Andes, principalmente las comunas de Lonquimay, Melipeuco y Curarrehue. Su presencia en las montañas hace millones de años es prácticamente un ritual invaluable; se trata de un árbol único debido a su legado ancestral.

Por eso y mucho más la Araucaria es símbolo de la montaña en esta parte del hemisferio sur. De belleza imponente y siempre verde, personas de todo el mundo viajan miles de kilómetros para conocer y abrazar a uno de los árboles más antiguos de la tierra. El Parque Nacional Conguillío, la Reserva Nacional Malalcahuello y otras áreas silvestres protegidas en toda la zona de la Araucanía Andina, poseen frondosos bosques de araucarias que embellecen los paisajes de estos lugares ampliamente visitados por turistas nacionales y extranjeros. Es que caminar por los senderos montañosos y arbolados permite descubrir la majestuosidad de estas coníferas cubiertas de nieve en invierno y llamativo verde en época estival.

En lenguaje más técnico, tenemos que decir que la Araucaria posee un tronco recto, cilíndrico y muy grueso, de más de 2 metros de diámetro. Tiene corteza rugosa y gruesa, formada por placas rectangulares de corcho de color gris oscuro o rojizo. Las hojas son muy duras con una espina en la punta. Crece a más de 800 metros sobre el nivel del mar y es una especie endémica de Chile y Argentina. Por la cordillera de Los Andes, se encuentra desde la región del Ñuble (volcán Antuco) hasta el volcán Villarrica. En la costa, está sólo en la Cordillera de Nahuelbuta.

Respecto a su reproducción tiene un ciclo bien particular; la Araucaria tiene árboles machos y hembras. Tiene flores masculinas que son conos cilíndricos ubicados en la terminación de las ramas de color castaño oscuro y miden 12 centímetros de largo y unos 5 de diámetro; presentan escamas punzantes que liberan el polen al abrirse. Por su parte, las femeninas son conos esféricos de color verde, más llamativos que sus pares masculinos y miden entre 15 a 20 centímetros de diámetro, integrados por numerosas escamas también punzantes.

Considerando todo esto podemos afirmar que la araucaria cuenta con un sistema de polinización del tipo anemófila, es decir que se realiza con la intervención del viento. Transcurrido el proceso de fertilización que ocurre en el mes de enero, el cono comienza a endurecerse y luego de 18 meses se abre dejando caer las semillas. Es decir que estamos en presencia de un ciclo reproductivo que dura aproximadamente 2 años. La diseminación de las semillas se produce gracias a la intervención de varios factores. Por ejemplo la gravedad, provocando que la mayor parte de las semillas queden esparcidas en el área de la copa del árbol y es a partir de este momento que intervienen agentes encargados de dispersarlas. Estamos ante la presencia de otro milagro de la naturaleza.

Generalmente a los 25 años de edad este árbol comienza a fructificar pero cuando ya cuenta con 40 años de vida empieza a exhibir una floración más abundante. Hay que decir que la Araucaria es un árbol de crecimiento lento y de gran longevidad; se han registrado ejemplares que superan los mil años. Además este árbol sagrado del pueblo mapuche pehuenche ha desarrollado una importante capacidad de resistencia a la actividad volcánica que se desarrolla en su hábitat, probablemente a la baja inflamabilidad que tiene su corteza.

Como ya hemos dicho, el fruto-semilla de este árbol denominado piñón, constituye desde la antigüedad un importante sustento alimenticio para las culturas que habitan las tierras del sur chileno.Con un aporte de hidratos de carbono, los frutos de la araucaria se convierten en una rica fuente energética para el pueblo mapuche-pehuenche. Los miembros de las comunidades son expertos en esta cosecha pudiendo trepar cómodamente por el tronco, utilizando como peldaños la rugosa corteza. La recolección es todo un ritual y se conoce como “el piñoneo”, actividad que se realiza entre febrero y abril de cada año, convirtiéndose en toda una atracción turística.

Hace unos cuatro años surgió el tema de que nuestra Araucaria, cuya población actual considerando la cordillera de Los Andes no supera las 250 mil hectáreas, estaría siendo atacada por un hongo o un agente externo que  provocaba resequedad en ramas y corteza. Instituciones de gobierno conformaron grupos de investigación multidisciplinarios para estudiar los orígenes de esta patología. Todavía no se ha logrado determinar con exactitud las causas del fenómeno, pero varios expertos han coincidido que puede deberse a causas de cambio climático en el planeta.

El año 2018 la Araucaria fue declarada por primera vez en peligro de extinción. Antes de esa fecha era monumento natural, por ende su protección estaba enfocada en la prohibición de su tala. Ahora este decreto compromete en alguna medida al estado y a los gobiernos a generar programas de conservación, restauración y educación ambiental.

Pero aún frente a este panorama de menor población de especies no podemos desconocer que este árbol sagrado es símbolo de una cultura ancestral, madre milenaria del fruto del piñón, especie ornamental muy utilizada en parques, paseos peatonales y jardines; e indudablemente en zonas cordilleranas sus bosques constituyen un atractivo turístico único en el mundo. Es nuestra Araucaria Araucana!

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